My habit to count things

By Dora A. Ayora Talavera | @DoraAyora

We acquire some habits during our lives without noticing how and when we make them ours. These customs are not necessarily useful but we have them. In my case, for example, I have developed the ability to count things, I sometimes do this as a hobby, for curiosity and other times as part of an investigative action.

I count things wherever I go; while I am driving I can count “yellow Volkswagen sedan” or just cars with the same colour. I could not guess how many people have the same car than me.

When I travel, it is very interesting to know how many sits the plane has, the bus, or how many coaches a train has. How many suitcases are from the same brand than mine and how many have the same colour.

Buildings are amazing, they have lots of windows to count, how many are opened or closed, and how many have curtains, lights on or some ornament to enjoy.

If you participate in a Congress you can be surprised on how many nationalities can be together in the same place, how many different continents we come from and how many languages we can speak; even the common counting about how many men and women we are.

Long waits in rooms are the perfect excuse to count light bulbs, lamps, different kinds of chairs and amount of people in transit through these spaces and corridors. Also they are a good excuse to count the frequency of words, letters in pamphlets or advertisements that are in my visual field, it is worth recognising that lately I have noticed it a bit diminished.

I have counted how many members the choir, orchestra and viewers in the performance of the Ninth Choral Symphony of Beethoven has, as well the number of dancers that the Swan Lake has and how many people go to the theatre not wearing a black coat.

In the classroom, while students are working, I use to count how many of them are using jeans, short pants and skirts and how many different kinds of fabrics they are made from. I take into a count how many of the students wear sandals, tennis shoes and formal shoes. If a colour in a blouse or a T-shirt is more frequent I count how many different prints and full colours they have.

Though I enjoy counting things, good manners indicate me that I never must count how many tacos someone eats or how many beers he drinks, that does not look good!

I have made sad counts, when you say good bye and you know that this farewell has embed time… a year, 12 months, 52 weeks, 365 days, 8760 hours, 525600 minutes, and multiply by 3, 4 or 5 they become your existence.

I also count life stuff. I have 17 years counting, every 15th of April, the first time that my daughter Ana stood up by herself in her bed. I count the anniversaries of my surgeries, my lost toenail, my kidney stone, the death of my father, the accident of my mother; my first check and of course my van’s anniversary.

Three years ago I started my own counting, just because I wanted, since the 4th of December of 2011, I count days. Every morning in my notebook I write the date and the number of that day, I have counted 1248 days, I can say, days of happiness, because they are full of a special consciousness about my life, my joy and my desire to be fine.

Counting things is absolutely useless, but it entertains me. It amazes me what I discover and it wonder me that always there is something new to count. Then, to count is a way to say who you are, where you have been, what you have seen; numbers and counts become a witness of your life and that is what makes a useful habit in a record about you, and then counting with numbers become a way to confess, to narrate yourself numerically, it is not an innocent counting about who you are.

From my side I want to continue counting, full notebooks with numbers to have a quantified record about what I live, to report myself by figures and narrate myself by digits.

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El hábito de contar

Por Dora A. Ayora Talavera | @DoraAyora

Uno adquiere hábitos en la vida y no se da cuenta cómo ni cuándo ya los hizo suyos. Hábitos que no necesariamente tienen una utilidad práctica, pero los tenemos. Yo por ejemplo he desarrollado la habilidad de contar cosas. A veces como pasatiempo, por curiosidad y otras con fines netamente investigativos.

Cuento cosas  donde quiera que vaya, mientras manejo por ejemplo, puedo contar “volchos amarillos” o camionetas del mismo color. Nunca había notado cuánta gente tiene un coche como el mío, hasta que los conté.

Cuando viajo, es un entretenimiento muy interesante averiguar cuántas filas tiene el avión o el camión, y cuántos vagones un tren. Cuántas maletas son de la misma marca que la mía y cuántas hay del mismo color.

En los edificios es increíble el número de ventanas que podemos encontrar, cuántas están cerradas y cuántas abiertas, las que tienen cortinas, las luces encendidas o adornos pegados que puedes disfrutar.

Al ir a un congreso puedes maravillarte de cuántas nacionalidades podemos coincidir en un mismo evento, de cuántos continentes venimos y cuántos idiomas distintos hablamos, además de la cuenta común sobre cuántos hombres y mujeres somos.

Las largas esperas en las salas son motivo perfecto para contar focos, lámparas, tipos de sillas y número de personas que transitan por esos pasillos y espacios. También para contar el número de palabras, letras repetidas que están en folletos y anuncios publicitarios que se encuentra dentro de mi campo visual, valga reconocer que últimamente le he notado un poco disminuido.

He contado cuántos miembros tiene el coro, la orquesta y los espectadores que coincidimos para escuchar la Novena Sinfonía Coral de Beethoven, así como el número de bailarinas que hay en el Lago de los Cisnes y el número de personas que van con abrigo de color al teatro.

En clase, mientras los estudiantes trabajan, cuento cuántos de ellos usan pantalón, short o falda de mezclilla y cuántos de estos son de otro tipo de tela. Contabilizo cuántos llevan chancletas, tenis y zapatos formales. Si predomina algún color de blusa o playera, cuántos son estampados y de color liso.

Aunque disfruto contar cosas, los buenos modales me indican que nunca debo contar cuántos tacos se come alguien o cuántas cervezas se toma, ¡eso es de muy mal gusto!

He hecho cuentas muy tristes, de cuando dices adiós y sabes que ese adiós lleva incrustado el tiempo… un año, doce meses, 52 semanas, 365 días, 8760 horas, 525600 minutos, y que multiplicado por 3, 4 o 5 se vuelven tu existencia.

También cuento cosas de la vida. Ya llevo 17 años contabilizando cada 15 de abril, la primera vez que mi hija Ana se paró sola en su cama. Contabilizo los años de mis cirugías, de mi uña perdida, de la piedra de mi riñón, de la muerte de mi padre y el accidente de mi madre; del cobro de mi primer cheque y por supuesto, del aniversario de mi camioneta.

Hace poco más de tres años empecé mi propia cuenta, así, solo porque quise, desde el 4 diciembre de 2011 cuento los días. Cada mañana en mi libreta de notas pongo la fecha y el número de día que es, llevo contabilizados 1248 días, puedo decir que son de felicidad, pues están llenos de una conciencia especial sobre mi vida, de mi alegría y deseo de estar bien.

Contar cosas es totalmente inútil, pero me entretiene. Me asombra lo que descubro y me maravilla que siempre hay algo nuevo que contabilizar. Entonces contar es una manera de decir quién eres, a dónde has ido, qué has visto; los números y las cuentas se vuelven testigos de tu vida y es eso lo que convierte un hábito inútil en un registro de ti, y entonces contar con números se vuelve una manera de confesar, de narrar numéricamente, es un conteo nada inocente de quien eres.

Por mi parte quiero seguir contando, llenar libretas enteras de números para tener un registro cuantificado de lo que vivo, para relatarme en cifras y narrarme en dígitos.

Mail: finaat@prodigy.net.mx

La peor elección de mi vida o una ciudadana en apuros

Hace como una semana descubrí que el próximo mes de junio cumplo 30 años de ejercer como ciudadana mi derecho al voto. ¡Rayos! Sí… cumplo 48.

Tengo una religión que no profeso y aún así doy gracias a Dios por no tener credo político. Gracias a ello —en cada elección que me ha tocado— he participado libre y voluntariamente, sólo la primera vez feliz y orgullosamente.

He votado por Presidentes y Alcaldes, por Diputados y Senadores locales, federales… y nunca ha ganado ni el partido ni la persona por quien voto.

Mis votos nunca han sido por convicción; la mayoría han sido por eliminación y uno que otro por resignación. No sé si sea culpa de la edad, de la situación del país o de los medios de comunicación, pero en esta ocasión como nunca antes, me siento agobiada. Bombardeada de información que no me es útil para elegir. La idea del “voto inteligente” me resulta ridícula cuando no hay por quien votar.

He llegado a un punto en el que no creo en nada ni en nadie. Todo lo que suena a política me disgusta. Aunque no veo mucho la televisión, en cuanto aparecen los spots políticos le cambio o la apago; si escucho el radio, apenas aparecen, le cambio o pongo un cd, siempre es mejor cantar con Javier Solís, Zoé o Ana Carolina.

Pero el tiempo se me acaba y estoy en blanco. Me queda menos de mes y medio y no creo cambiar de opinión sobre ningún partido ni figura política.

A veces creo que los partidos se burlan de nosotros con sus candidatos y sus campañas, me enoja que crean que soy una idiota.

Me molesta que pasen a mi casa y me digan: “nos dijeron que eres simpatizante del partido…” “le trajimos vales de descuento como regalo…” o que en los semáforos se echen encima de mi carro, como marabunta, grupos de jóvenes con banderas y panfletos con fotos de sus candidatos. Tratan insistentemente que les abra la ventana para que me los den, ¡si no los quiero! También me molesta sobremanera llegar a mi casa y ver el buzón lleno de folletos políticos… sólo pienso en todo el dinero que se gastan en esto ¿qué se supone que debo decirles? O ¿qué debo hacer?

¿Cómo puede una ciudadana, participar confiadamente de una elección democrática que carece de credibilidad y en la que abunda la incompetencia y la falta de seriedad?

No es una elección en la que me preocupe el proceso electoral en sí mismo, si robarán casillas, si harán trampa o si comprarán los votos, eso es una nimiedad comparada con el dramatismo de que no hay partido ni político por quién votar, eso es verdaderamente una calamidad.

Soy una ciudadana en apuros, a la que ésta vez un voto por eliminación, por resignación y sin convicción, no le será suficiente para atreverse a marcar una X el próximo 7 de junio.

¿Alguien tiene una estrategia mejor?

@DoraAyora

Do not tell it out loud!… the heat is stifling

It’s 8:00 am and 25° Celsius

What?? 25°C but, it is just sunrise!

How many degrees we will have today??!!

You only need to think about it, it’s enough having the idea in your head,”What a heat!” and then…you are lost. It is a way to give your body permission to start sweating; to feel how the small drops drip through your forehead, through your back, to see how your arms start emanating transparent pearls that have the potential to become rivers and a salty flood. There is nothing like opening your car at midday and feeling a boiling gust of wind in your face, it makes you want to die! But getting into the car, opening the windows without breathing to avoid burning your respiratory tract and your lungs from the boiling wind. That is heroism!

Walking on the street or on the road and suddenly seeing that pavement is melting or that there is a lagoon; you are surprised and walk faster to reach it but only to discover that it is an illusion! It does not matter how early in the morning it is, at midday or at 8 pm at night, there is no way that you can go jogging and not be left out of breath, with a tomato face, inflamed hands, bathed in sweat and dying of thirst. That is discipline!

What does this heat do to our body? Even on the shower you continue sweating. When you finish and try to dry your body, it is impossible. Your towel is like a brush that at the same time, takes the water off of your body and spreads on your skin a new slide of sweat. That is amazing!

There is nothing like trying to take a nap or sleep at night; if you sleep in a hammock, you can discover that it is as warm as the wall where it is hanging; the blankets on your bed are like they were just ironed, but they are hot, not flat. That is heat!

In this place,you do not take a shower to be clean, you take a shower with an illusion, to feel fresh, but what happens? You notice that you have to shower in 17 seconds, 8.5 with the hot tap before water boils, and 8.5 seconds with cold tap before you get peeled. That is bravery!

Every morning, in front of the mirror, you are begging that the fresh shower goes on, but you know that its effect is brief. Very soon you can feel that your body is sweating abundantly again, stopping you from dressing and putting your make up on. No power can stop you from starting your day without having humid clothes and an imperfect and not discrete make-up because of your sweating body. That is your vanity in jake!

It does not matter if you are a slim and strong athlete or a fleshy and agile woman, it is for sure that if you dare to eat lime soup or habanero chili you will melt in sweat and pleasure. That is gluttony!

It is obvious that in this place to make your bed, to organize your books, to brush your teeth are activities that justify the abundant sweating all day long. That is everyday life! But just sitting to read, to think, to listen music or simply to talk have the same effect. That is infamous!

These is the way which we live here, the place localized at latitude 21°38´ – 19°32’ and longitude 87°22’ – 90°24’ of our planet, I mean Yucatan, Mexico. That is happiness! @DoraAyora

No lo digas muy fuerte pero sí… ¡hay calor!

Publicado en el Diario de Yucatán.

8:00 am 25° centígrados

¿Cómo? 25° pero ¡¡si apenas está amaneciendo!!

¡¡¿¿A cuántos grados vamos a llegar hoy??!!

Basta con pensarlo, basta solamente con que la idea asome en tu cabeza y estás perdida. Basta con que te atrevas a pensar… ¡que calor! Y entonces es darle permiso a tu cuerpo para empezar a sudar. Para sentir cómo esas gotitas se escurren por tu frente, por tu espalda, ver cómo de tus brazos empiezan a emanar perlas transparentes con el potencial de convertirse en ríos, torrentes salados.

No hay nada como abrir tu carro a medio día y sentir una ráfaga de aire hirviendo a por lo menos 80°, es para morirse; pero subirte, abrir las ventanas sin respirar para que esos vapores de fuego no quemen tu tracto respiratorio y tus pulmones, ¡eso es heroísmo!

Ir por la calle o en la carretera y de pronto ver que el pavimento se evapora o que a lo lejos hay una laguna; te sorprendes y caminas para intentar acercarte y simplemente descubres, ¡es un espejismo!

No importa qué tan temprano sea en la mañana, imposible a media día, o a las 8:00 de la noche, no hay manera de salir a correr y no terminar sofocada, con cara de tomate, con las manos hinchadas, bañada en sudor y muriendo de sed.  ¡Eso es disciplina!

Qué le hace este calor al cuerpo que aún debajo de la regadera sigue sudando, por lo menos eso me parece, ya que cuando sales de bañarte y te secas, no hay manera de secarse, pareciera que la toalla es una especie de brocha que quita el agua del baño al mismo tiempo que te vuelve a poner sudor en el cuerpo. ¡Eso es sorprendente!

No hay nada como tratar de dormir una siesta a medio día o simplemente en la noche; si duermes en hamaca descubres que está hirviendo tanto como la pared de la que cuelga; y de las sábanas de tu cama ni qué decir, parecen acabadas de planchar, no por lo lisitas, si no por lo calientes. ¡Eso es calor!

Aquí uno no se baña para estar limpio, entras a la regadera con la ilusión de un baño fresco, y qué descubres, que hay que bañarse en 17 segundos, 8.5 con la llave del agua caliente justo antes de que hierva y 8.5 del agua fría antes de que te despellejes. ¡Eso es valentía!

Cada mañana frente al espejo, aún con la ilusión de que ese baño realmente refresque, sabes que el efecto es fugaz, pues rápidamente notas que tu cuerpo empieza nuevamente a sudar copiosamente impidiendo dos cosas, vestirte y maquillarte. No hay poder humano que impida que empieces el día sin que tu ropa se moje y que tu capa de maquillaje sea perfecta, discreta y homogénea, pues la textura de tu piel húmeda no lo permite. ¡Eso es tu vanidad puesta en jaque!

No se trata de si eres una atleta esbelta y muy fuerte o una mujer con carnitas y muy ágil, es seguro que si te atreves a comer sopa de lima o un poco de habanero, te derretirás de sudor y de placer. ¡Eso es golosidad!

Claro que tender tu cama, quitar tu hamaca, ordenar tus libros, lavar tus dientes son actividades que justifican un sudor copioso a cualquier hora del día. ¡Eso es la vida cotidiana!

Pero que sentarte a escribir, leer, pensar, escuchar música sin moverte o simplemente hablar tengan el mismo efecto, eso ¡eso es una infamia!

Pero así se vive en este lugar localizado entre la latitud 21°38´ – 19°32’ y la longitud 87°22’ – 90°24’ de nuestro planeta, o sea aquí en Yucatán. ¡Eso es la felicidad!

@DoraAyora

Working on a story about a jigsaw puzzle

I have a hobby. During the last twenty years I have enjoyed working on jigsaw puzzles. The first one I bought was The Orana María by Paul Gauguin, one thousand pieces by the way the brand Nuova Arti Grafiche Ricordi (AGR)… is the best!

The size of their pieces, the careful and well managed cut, the quality of the impressions, the colours, the finishing touches, but specially the perfect gear assembling, it makes me think about the ballet concept, “timing” that refers to rhythm, velocity and pauses when a dancer moves or stops according to the music, giving to the performance a sense of action and drama.

When you are working on a jigsaw puzzle, the most extraordinary pleasure is when the anxiously looking piece fits in perfectly, making that joyful “timing” come true.

My hobby is not only to work on them; it is to collect them too. When I finish one I leave it in exposure for a while on the table; dusting and watching it time to time. At the end of the day, I disassemble it and I store it again. As time goes and I am craving I work on it again. Five years ago I decided working on all of them I make a plane pile of jigsaw puzzles, but now they are stacked on their boxes.

I like the pieces that form famous paintings; I do not like landscapes, animals, bridges or that kind of jigsaw puzzles that are made from very small figures creating a bigger and a different one. I have pass hours and days working on Gauguin y Van Gogh, Matisse, Remedios Varo, Picasso, Dalí, Kandisky, Rousseau, Velázquez, Da Vinci, Veronese, Degas y Klimt’s works.

Though, I was sophisticating my acquisitions. At the very beginning I bought them on toy shops, but in latest times I have the joy to buy them on museums and specialised stores. In that way I have singular souvenirs from “The National Gallery” and “The Natural History Museum” of London, from “Ashmolean Museum” of Oxford, from “Magritte Museum” in Brussels, from “Museo Nacional del Prado” in Madrid, from “Louvre” in Paris, among others.

Evidently I have my favourites! I just want to write about two of them that curiously are not famous paintings. One of them I found on the Ashmolean, Museum of Art and Archaeology, University of Oxford. The image is a reproduction of Powhatan’s mantle, originally made from deerskin with shell decoration. One particularity of this jigsaw is that its pieces are made from wood, three millimetres of thickness, and they do not have the “traditional” forms, as you can find two pieces that make a “framework” you can find a brush or a completely irregular form. Though it has only 250 pieces, it is a work of art that you can truly enjoying work on it…and smelling it.

The second is a gift. It is not a work of art. According to the box it is the world´s most difficult jigsaw puzzle. Someone challenged me and I accepted. It has 529 pieces, but given its difficulty it is equivalent to a 4000 pieces. What does it consist of? It is a small square 38 cm by 38 cm, the image is “scattered paperclips”, what is the most interesting thing is that is double sided, I mean the same image is on both sides but one of them is turned 90° relative to the other. All the pieces, except the frame, are exactly the same size and shape. You do not have any clue about which side is which, because the way the pieces were cut, no edge is bent. The box advices you about the confusing instructions and recommends, to just work on it! I have finished it three times.

No table is enough for my hobby. The surfaces are not enough. My biggest jigsaw puzzle has 1500 pieces; I would like having a 5000 pieces one.

If one day you want to make me happy, give me a puzzle… or a table.

@DoraAyora

Armando una historia de rompecabezas

Desde hace veinte años tengo afición por armar rompecabezas. El primero que compré fue La Orana María de Paul Gauguin, mil piezas, de la marca Nuova Arti Grafiche Ricordi (AGR)… ¡son lo mejor que hay!

El tamaño de las piezas, el corte cuidadoso y bien logrado, la calidad de las impresiones, los colores, los acabados, pero sobre todo, la exactitud en el engranaje de las piezas, me lleva a imaginar el concepto “timing” que utiliza el ballet para referirse al ritmo, velocidad y pausas cuando una bailarina se mueve o detiene, acompañado de los sonidos y movimientos exactos para generar ese sentimiento dramático y de acción en las obras.

Al armar un rompecabezas, no hay placer más extraordinario que cuando la pieza ansiosamente buscada encaja y se acomoda suave y exacta en otra, creando ese “timing” gozoso de embonar la extremidad perfecta.

Mi afición no es solamente por armarlos, también lo es por coleccionarlos. Al terminarlos, los dejo expuestos un tiempo en la mesa, les sacudo el polvo, los miro y miro; luego los vuelvo a desbaratar y los guardo. Cuando pasa el tiempo y se me antoja los vuelvo a armar. Hará unos cinco años que me dediqué a armarlos todos. Los fui enfilando uno sobre otro, así que tenía sobre la mesa una especie de torre plana con todos mis rompecabezas. Ahora están apilados en sus respectivas cajas.

Me gustan las piezas que forman pinturas famosas; no me gustan los paisajes ni los animales ni los puentes y mucho menos esos que son de muchas figuras chiquititas que en conjunto forman otra imagen más grande. He pasado horas y días armando obras de Gauguin y Van Gogh, Matisse, Remedios Varo, Picasso, Dalí, Kandisky, Rousseau, Velázquez, Da Vinci, Veronese, Degas y Klimt.

Además, he sofisticado mis adquisiciones. Al principio las compraba en jugueterías, pero desde hace varios años me dado la alegría de comprarlos en museos y tiendas especializadas. Así que tengo singulares souvenirs de la “National Gallery” y “The Natural History Museum” de Londres, del “Ashmolean Museum” de Oxford, del “Museo Maggritte” de Bruselas, del “Museo Nacional del Prado” en Madrid, del “Louvre” en París, entre otros.

Evidentemente ¡tengo mis favoritos! Solamente mencionaré dos y que curiosamente… no son pinturas famosas. Uno de ellos lo encontré en el Ashmolean, Museum of Art and Archaeology, University of Oxford. La imagen que se conforma es una reproducción del Manto de Pocahontas. El manto original es de piel de venado y está decorado con conchas. Una diferencia es que en vez de cartón las piezas están hechas de madera, unos tres milímetros de grosor. Las piezas no son con formas tradicionales. Así como dos piezas pueden formar el marco de un “cuadro” puedes encontrar un pincel o una forma completamente irregular. Aunque sólo tiene 250 piezas es una obra de arte que verdaderamente se disfruta armar… y oler.

El segundo es un regalo que me hicieron y tampoco es una obra de arte. Según la caja es el rompecabezas más difícil de todo el mundo. Me retaron y acepté. Consta de 529 piezas, pero dada su dificultad equivale a un rompecabezas de 4000. ¿En qué consiste? Es un pequeño cuadrado de 38 cm por 38 cm, cuya imagen son puros clips de colores regados. Lo interesante es que es un rompecabezas de doble vista; es decir, tiene la misma imagen por ambas caras solo que la imagen en una de ellas esta girada 90° en relación a la otra y todas las piezas, con excepción del marco, son exactamente del mismo tamaño y forma. No hay manera de saber qué lado es cuál, ya que la forma como fue cortado impide que las orillas estén dobladas de manera que no se puedan identificar. La caja recomienda que si te parecen confusas las explicaciones lo que tienes que hacer es ¡intentar armarlo! Y ya lo hice tres veces.

Ninguna mesa de las que tengo da la talla para mi hobby. La superficie no me alcanza. El rompecabezas más grande que tengo es de 1500 piezas, sueño con tener uno de 5000.

Si algún día quieren hacerme feliz, regálenme un rompecabezas. O una mesa.

@DoraAyora

What will you feel driving a trailer?

To travel by road is an experience that I have always enjoyed. My father was an excellent driver, I learnt from him.  Looking at him drive was fantastic. Mostly when we travelled on vacations, departing from Mexico City at 3:00 am and arriving to Yucatan at 10:00 pm, stopping just to fuel the car and let six girls –from one to twelve years old– visit the bathroom.

Seeing my father drive, his dark skinned hands, strong and firm over the car was like taking his driving skills.  I used to imagine that I was the driver; I felt the pleasure of speed changing, putting the turn signals to pass and the speed to take the lead in the opposite lane and to get back on track with the satisfaction of leaving the “slow car” behind.

There were so many girls, that we did not fit in the car; sometimes he drove a blue Opel, in others it was a brown Malibu that later became a green beetle car. I insisted on sitting in box that was in between the two front seats, placing my little legs on the sides, left leg touching my dad, the right touching my mom.

To imagine my size in these dimensions makes me think that I was really small and rickety; but that was not important I steel felt like the main co-pilot, I was responsible to give, first to my dad and then to my sisters, food and water –pickle sandwiches prepared by my mom– since we left home.

Although sleep overcame me many times, I was trying to stay awake all the time to accompany my dad. I remember how suddenly between dreams Javier Solis began to sing or Glen Miller’s Orchestra began to play In the mood.

The nights that I could beat the dream, I could not stop looking out of the corner of my eyes how my dad moved the fingers of his left hand. It was a sign of his thinking. When we talked he taught how accurate and cautiously drive the car.

It is clear, that when you are driving in the road, you could see all kinds of car models, but it was more fascinating to watch tanker trucks and double trailer trailers sway. It was my dad initiative to enlist me in the habit of keeping a tally of their tires. But we always passed so quickly, I could not finish counting, but it was the perfect motivation to keep me alert.

When trailers were a single trailer, it was not so difficult to make a tally: one-two, three-four, five… ten tires. Practice and age made ​​me good at counting fluently the thirty- four wheels that a double trailer brings, sometimes I included the two that it has as replacement tires.

Driving a trailer has being always a craving. I find truly fascinating its size, strength, power, and the great ability it takes to drive it. I do not know why, but in my mind two scenes are recreated: my memories of the past on the road admiring the magnificence and counting the wheels … and a picture of the future where I smile at my eighty years old sitting in the driver’s seat, enjoying how feels to drive a trailer.

@DoraAyora

¿Qué se sentirá manejar un tráiler?

Viajar en carretera ha sido siempre una experiencia que disfruto. Mi papá fue un gran chofer, de él aprendí. Verlo conducir era fabuloso. Sobre todo cuando viajábamos en las vacaciones y salíamos de México, D.F. a las 3:00 de la mañana para llegar a Yucatán a las 10:00 de la noche, deteniéndonos solamente para cargar gasolina y para que seis niñas entre un año y doce fuéramos a hacer pipí.

Ver manejar a mi papá, sus manos morenas, duras y firmes sobre la guía, era apoderarme de su destreza al volante. Imaginaba que era yo quien conducía el carro, sentía el placer del cambio de velocidades, de poner las direccionales para rebasar, la velocidad al tomar la delantera en el carril opuesto para volver al carril correcto con la satisfacción de dejar atrás al “carro lento”.

Éramos tantas hijas que no cabíamos en el coche… que en una época fue un Ópel azul cielo, en otras un Malibú café que luego se convirtió en verde escarabajo. Yo me empeñaba en ir sentada en la cajuelita que había en medio de los dos asientos delanteros, colocando mis piernitas en los costados, a la izquierda rozando la pierna de mi papá, a la derecha la de mi mamá.

Imaginar mi tamaño en esas dimensiones me hace pensar que fui verdaderamente pequeña y raquítica; eso no importaba para sentirme el copiloto principal, pues era la encargada de pasarle primero a mi papá y luego a mis hermanas agua y comida, sándwiches de escabeche que mi mamá preparaba y surtía desde los primeros minutos tras salir de casa.

Aunque el sueño muchas veces me vencía, trataba de mantenerme despierta todo el tiempo para acompañar a mi papá. Recuerdo cómo de pronto, entre sueños, Javier Solís empezaba a cantar o las trompetas de la orquesta de Glen Miller empezaban a entonar In the mood.

Las noches que lograba ganarle al sueño, no podía dejar de mirar cómo mi papá movía los dedos de la mano izquierda. Era señal de que pensaba. Cuando conversábamos me iba mostrando cómo conducir certera y cautamente el coche.

La carretera era oportunidad de ver cuanto modelo de automóvil se podía uno imaginar, pero lo más fascinante era observar el bamboleo de las pipas y los tráilers de doble remolque. Fue por iniciativa de mi papá que me enrolé en el hábito de contar sus llantas, pero casi siempre pasábamos tan rápido que no lograba terminar, ese era un estímulo perfecto para mantenerme alerta.

Cuando los tráilers eran de un solo remolque no resultaba tan difícil contar sus una-dos, tres-cuatro, cinco… diez llantas. La práctica y la edad me hicieron hábil para contar de un solo tirón las treinta y cuatro que un doble remolque trae, a veces lograba incluirle dos más si llegaba a contar las de refacción que llevan abajo.

Manejar un tráiler ha sido un antojo. Me resulta verdaderamente fascinante su tamaño, su fuerza, su poder, la gran habilidad que hay que tener para calcular los espacios para pasar. Y no sé por qué, pero en mi mente se recrean dos escenas: mis recuerdos del pasado en la carretera admirando su magnificencia y contando las llantas… y una imagen del futuro donde sonrío a mis ochenta años desde el asiento del chofer, disfrutando cómo se siente manejar un tráiler.

@DoraAyora