De Relationship a Relationshit

El lenguaje nos permite jugar: basta cambiar una letra para transformar palabras y con ello la perspectiva y el significado que nos ofrecen. ¡Vamos a ver!

Toda interacción humana empieza siendo una relación, así, a secas, suponiendo que dos personas entran en contacto por primera vez sin haber escuchado jamás nada la una de la otra. Es difícil, a menos que sea un encuentro casual y azaroso, que no hayan predisposiciones ni expectivas.

A partir de ahí el vínculo puede convertirse en relación de amistad, de trabajo, de amor. Con el paso del tiempo, la interacción, el diálogo, las circunstancias, el conocimiento adquirido, las expectativas creadas, la voluntad y el interés, son lo que transformarán ese encuentro casual en algo habitual y cotidiano.

Considero que todas las relaciones están en potencia, ya que ninguna relación “es”. Hay que construirla, hay que hacerla cada día. Ni siquiera las relaciones que se suponen básicas como madre-hijo, pareja o familia son naturales y espontáneas.

Todas están cargadas de significados sociales acerca de cómo deben ser, sólo que éstas no son hasta que las hacemos. Las relaciones madre-hijo y las relaciones de pareja no son por naturaleza amorosas, así como tampoco espontáneamente las relaciones de amistad son respetuosas, ni las relaciones jefe-empleado, incluyentes.

En el diálogo, como forma de interacción, elegimos palabras para comunicarnos. Éstas contribuyen a moldear nuestras relaciones hasta convertirlas —aunque no de manera definitiva y menos estática— en modos de vida.

No se trata de esclarecer qué cambia primero, si las relaciones o las palabras que usamos para nombrarlas. Lo que es evidente es que algo pasa entre una madre y su hijo cuando él pasa de ser “la luz de mis ojos” al “sucio insoportable”; cuando la pareja deja de ser “mi amorcito” para convertirse en “ese inútil”; cuando una jefa pasa de ser “un modelo a seguir” a una “neurótica amargada”.

Las relaciones cambian y la forma como hablamos de ellas, también. No solamente son diferentes las palabras, también el tono de voz se modifica, el lenguaje no verbal y toda forma de significar se transforma.

Qué fácil resulta amar, respetar y admirar a “mi luz”, “mi amor” y “mi modelo” y qué difícil lo es si hablamos de alguien “insoportable, inútil y amargado”. El lenguaje es peligroso, tiene el poder de transformar nuestra convivencia y diálogo cotidiano, volviendo amadas “Relationships” en insostenibles “Relationshits”.

Si podemos elegir las palabras con las que vamos a nombrar algo, con las que nos vamos a comunicar; si podemos pensar lo que vamos a decir y detenernos antes de actuar… ¿por qué hay relaciones en las que elegimos ser hirientes, groseros e irrespetuosos mientras en otras somos amables, atentos y cariñosos?

Sustituir lúdicamente una “t” por una “p” al final de una palabra puede leerse divertido, pero cuán triste e incómodo puede ser cuando esa palabra representa una relación que se ha transformado.

Jugar con el lenguaje es riesgoso, no lo menospreciemos, así como crea realidades y relaciones extraordinarias también crea otras que son destructivas. ¿Qué palabra quieres construir? R E L A T I O N S H I _ S. Cada quién decide.

@DoraAyora

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